Mientras estuve en Netanya viviendo con la prima de mi papá, pasé un Shabat en Tzfat, una de las cuatro ciudades sagradas de Israel, ubicada en el norte. Tami, una amiga de la primaria que también fue madrijá en Ieru, estuvo estudiando ahí por diez meses en un majón, un lugar solo para mujeres donde se dictan clases sobre diferentes temas religiosos y todas viven juntas.
Llegué cuando faltaba muy poco para que empiece el Shabat. Me bañé rápido mientras sonaba música que se escucha en todo Tzfat; la ponen para que todos sepan cuándo se encienden las velas. Encendí una (fue muy bonito ver muchas velas encendidas, una por cada estudiante) y Tami me explicó un par de cosas para que no cometa ningún error durante el Shabat.
Salimos a caminar, pasando por varios templos para ver a cuál entrábamos. Todos son ortodoxos, pero hay diferentes nigunim (estilos de rezos). Entramos a uno porque escuché que cantaban el Lejá Dodi como yo lo conozco. Igualmente, cada uno seguía el rezo más o menos a su ritmo, no había alguien que dirija realmente. Y claro está, estaba separada de los hombres, algo que no me gusta mucho, pero bueno...
Para la cena, vino un rabino con su esposa. En medio de la comida, él dijo unas palabras y otra chica también aportó algo para que todos sepamos de qué trataba la porción semanal de Torá. En un momento, el Rab se fue y todas empezaron a cantar. Es muy lindo ver a tanta gente contenta, cantando todo el día y disfrutando de la festividad. Después de comer, fuimos a la casa de un rabino Allá seguimos comiendo y todos contaron alguna anécdota, chiste o algo de sus vidas. También estuvieron cantando.
El sábado fue parecido. Desayunamos, fuimos a otro templo, almorzamos. Siguieron las canciones, las explicaciones de Torá y diferentes cosas, las conversaciones. Comimos la seuda shlishit (comida obligatoria en Shabat, es un precepto comer 3 veces) y siguió la alegría. Al terminar Shabat, aún se veía gente bailando y cantando en la calle, feliz por haber vivenciado el Shabat. A la noche fuimos a la casa de unos amigos de las chicas del majón. Debo confesar que las conversaciones entre las mujeres se tornaron un poco monotemáticas para mí (hablaban mucho de lo lindo que fue o sería ir a visitar al Rab de Jabad en Estados Unidos, las cosas buenas que les ocurrieron al recibir un dólar de los que él enviaba, lo lindo que sería estar casadas o discutiendo sobre alguna regla del Shabat). Aún así, fue una experiencia muy bonita e interesante, más allá de mi alegría de volver a encontrarme con una de mis grandes amigas. Me abrió mucho la cabeza, entendí mejor muchas cosas sobre la vida ortodoxa y pude apreciar su forma de alegrarse con pequeñas cosas.
Llegué cuando faltaba muy poco para que empiece el Shabat. Me bañé rápido mientras sonaba música que se escucha en todo Tzfat; la ponen para que todos sepan cuándo se encienden las velas. Encendí una (fue muy bonito ver muchas velas encendidas, una por cada estudiante) y Tami me explicó un par de cosas para que no cometa ningún error durante el Shabat.
Salimos a caminar, pasando por varios templos para ver a cuál entrábamos. Todos son ortodoxos, pero hay diferentes nigunim (estilos de rezos). Entramos a uno porque escuché que cantaban el Lejá Dodi como yo lo conozco. Igualmente, cada uno seguía el rezo más o menos a su ritmo, no había alguien que dirija realmente. Y claro está, estaba separada de los hombres, algo que no me gusta mucho, pero bueno...
Para la cena, vino un rabino con su esposa. En medio de la comida, él dijo unas palabras y otra chica también aportó algo para que todos sepamos de qué trataba la porción semanal de Torá. En un momento, el Rab se fue y todas empezaron a cantar. Es muy lindo ver a tanta gente contenta, cantando todo el día y disfrutando de la festividad. Después de comer, fuimos a la casa de un rabino Allá seguimos comiendo y todos contaron alguna anécdota, chiste o algo de sus vidas. También estuvieron cantando.
| Usé otra remera y calzas por debajo, pero esa fue mi vestimenta estilo religioso del día sábado =P |

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